En 2018 Eduardo, Paola y Nicolás Villegas eran dueños de una empresa que instalaba paneles solares en todo el país, pero la energía en sus apartamentos no provenía del sol. ¿Cómo masificar la energía solar si ni ellos mismos podían ser usuarios?
“Hay una barrera muy grande para los hogares en los proyectos de energía solar —explica Nicolás Villegas, director tecnológico y socio cofundador—. Debes ser dueño de una casa, porque en un apartamento no es fácil, y no debes tener un edificio o un árbol al lado que haga sombra. Y la cantidad de personas que pueden comprar paneles solares para su casa es una fracción muy pequeña”. A esto se suman industrias y empresas que pueden contar con el espacio, pero no con el dinero. “Aunque es una fuente de energía barata, tiene unos costos iniciales altos en Colombia, donde hay tan poca liquidez para invertir en este tipo de cosas. Eso no permitía masificar la energía solar”, complementa.
Unergy, una suerte de spinoff —o compañía derivada— de Solenium, conecta ambas necesidades en una plataforma y le permite a cualquier persona invertir en proyectos de energía solar. Comenzó como una idea de Solenium, pero en noviembre de 2018 decidieron constituirla formalmente como empresa.
Funciona como una feria inmobiliaria digital donde se exponen proyectos de energía solar necesitados de recursos y los inversionistas, personas comunes y corrientes, pueden invertir desde pequeños montos. Cuando se completa la financiación, se ejecuta y en cuanto entra a generar energía, el proyecto le paga la factura de luz a Unergy —a un precio entre 25 y 30 por ciento más barato de lo que se paga a un operador convencional—. De ese pago, Unergy reparte ganancias en un porcentaje equivalente para cada inversionista.
Según dice Nicolás, es como si cada persona invierte en un proyecto y adquiere sus propios paneles: “Están ubicados en otro lugar, generando energía, pero al final tienes la propiedad de esos paneles y sus beneficios”.
La Clínica Somer, en el municipio de Rionegro, al oriente de Medellín, es uno de los cerca de 30 proyectos financiados a través de Unergy. En los techos de sus dos torres, Solenium instaló 538 paneles solares que representan 14 por ciento de la energía total que consume la clínica y evita así la emisión de 244 toneladas de CO2 al reducir su huella de carbono con respecto de otras fuentes. “Una clínica no puede apagar nunca su energía —dice Naylen Molina, ingeniera ambiental de la Clínica Somer—. Somos conscientes de los impactos que generamos y frente a eso quisimos actuar”. Pasarse a la energía solar les representó un ahorro mensual de 20 millones de pesos en el pago de la luz.
La generación de energía funciona de cierta forma como un cultivo de papas. Entre más lejos esté la finca donde se siembran y el hogar que las consume, más actores intervienen y más caras se vuelven.
En Colombia, la generación de energía está centralizada en la región andina y transmitirla a las demás regiones cuesta. Como ocurre con un cultivo de papa sabanera, donde los tubérculos deben ser transportados desde la finca hasta el pueblo, desde el pueblo hasta una central mayorista en una u otra ciudad, desde la central hasta una tienda y desde la tienda hasta una cocina. En la transmisión de energía, además, se van cayendo algunas papas del camión mientras se transportan. Si se generan 100 kilovatios, al hogar llegan menos.
Entre Santa Cruz y Luruaco —en Córdoba—, en un paisaje verde y caluroso, hay un terreno de dos hectáreas con 2.500 paneles. Es el primer proyecto de generación distribuida de energía solar de todo el país. Existen de otras fuentes que generan, entre todos, 700 kilovatios. Pero este, al que Eduardo, Paola y Nicolás llaman “la primera minigranja”, genera, él solo, 1.380 kilovatios. Tienen 15 más en desarrollo.
“Son proyectos en suelos —señala Eduardo—, de un millón de dólares de inversión”.
La energía generada por estas minigranjas se conectará a la red del país para que los habitantes de los pueblos más cercanos puedan utilizarla. “Conectar minigranjas, alrededor de los pueblos, reduce costos y entrega fuentes limpias de energía a la población”, dice Eduardo.
Según la Unidad de Planeación Minero-Energética y el Ministerio de Minas y Energía, antes de 2030 cerca de 10 por ciento del consumo energético en Colombia provendrá de proyectos fotovoltaicos o solares. No es, sin embargo, la única fuente alterna de energía abriéndose paso ni la única manifestación de energías eólicas o solares. En la misma casa, incluso, en la calle 46 de Medellín, se montó en la cocina el primer piloto privado de hidrógeno verde en el país para encender la estufa utilizando excedentes generados por los 16 paneles esparcidos por pares en el techo corriente de tejas sucias y gastadas. Eduardo lo asegura con firmeza: “Estamos convencidos de que vamos creando el futuro”.