Bosques sin árboles, bosques esenciales
Los bosques secos colombianos suman tres procesos evolutivos con una misma estrategia de supervivencia. “Los del Caribe se relacionan con ecosistemas secos de Mesoamérica, los de la Orinoquía con la vegetación amazónica y los andinos con la del sur del continente”, explica Hernando García, director del Instituto Humboldt. Sus especies desarrollaron la capacidad de sobrellevar el clima de un ecosistema que puede pasar tres o cuatro meses del año sin lluvia. El gigantesco macondo del Caribe, por ejemplo, deja caer sus hojas en épocas de sequía, mientras que la piñuela genera espinas para proteger sus frutos.
Este ecosistema está amenazado: de 9 millones de hectáreas colombianas, apenas 8 por ciento siguen intactas. La pérdida forestal no se debe solo a problemáticas modernas como minería ilegal, cultivos de uso ilícito o ganadería. “Los primeros asentamientos españoles coinciden con zonas de bosque seco”, dice García.
Los expertos del Instituto monitorean indicadores de diversidad del bosque seco. No cabe pensar en recuperar lo perdido. “La restauración debe enfocarse en recobrar la salud de los territorios, por ejemplo, mejorando la conectividad de los ecosistemas y cuidando las áreas de regulación hídrica. Esas son variables críticas de pérdida de biodiversidad”, afirma García.